Hace unos días recordábamos al maestro David Lean como referencia fundamental del cine épico (junto al que podríamos situar a Cecil B. DeMille o William Wyler, por ejemplo) y como uno de los cineastas reverenciados por Steven Spielberg. Al redactar el avance del próximo film de este último, War horse, me percaté escandalizado de que todavía no había comentado ni uno solo de los maravillosos films de Lean; hoy voy a solucionar ese vergonzoso retraso sirviéndome de una de mis pelis favoritas: Lawrence de Arabia. Como siempre que me refiero a una de las cintas que me han hecho amar el cine lo haré de un modo brutalmente subjetivo, consciente de mi adoración superlativa por la cinta en cuestión y, por tanto, de mis excesos de enamorado. Bordeando lo lameculesco espero que quede espacio para que el texto sirva como apelación directa y a algunos os entren ganas de disfrutar de esta (more…)
Archivo de la categoría: Simples de siempre (hasta 1979)
LAWRENCE DE ARABIA, de David Lean (1962)
LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, de George Lucas (1977)
La lucha del mal contra el bien es un principio argumental que se ha utilizado en el arte de la narración desde siempre. Sin embargo, la fórmula que eleva el relato al ámbito de lo sublime no es la que reduce su atractivo a un planteamiento puramente maniqueo. No pongo en duda el simple disfrute de las pelis con malos muy malos con cara de malos y de buenos muy buenos con cara de buenos -al que me adhiero con pasión- pero creo que cuando la complejidad del ser humano encuentra su eco en los personajes de un enfrentamiento entre el mal y el bien, desvestir a esas dos fuerzas de su absolutismo mejora el resultado obligatoriamente. Un buen ejemplo es la trilogía más reseñable de la historia del cine, STAR WARS, iniciada en 1977 con su primer título, La guerra de las galaxias. Con sus historias espaciales George Lucas hizo algo mucho más importante que cambiar la industria del cine: regaló a la imaginación de varias generaciones la gran aventura de su niñez. Lee el resto de esta entrada
TIEMPOS MODERNOS, de Charles Chaplin (1936)
Sólo los intelectualoides coñazo son incapaces de reconocer que el paso del tiempo en el modo de hacer cine cambia las sensibilidades de las generaciones de cinéfilos que se suceden una tras otra. A los espectadores que se sientan hoy en las salas de cine les han relatado historias de una manera distinta a la de sus abuelos. No puede pretenderse de una sociedad más pausada que acostumbraba a consumir historias en formato libro y/o formato teatro que viese películas con el ritmo de edición o con la vertiginosidad de los movimientos de cámara a los que hoy estamos habituados. Somos hijos de una tradición cinematográfica bisnieta de aquella, por lo que los cánones audiovisuales de hace más de cincuenta años no suelen ser de nuestro gusto. Por resumirlo en una frase: El cine clásico nos resulta lento. Por eso es tan sorprendente ver Tiempos modernos en el siglo XXI y no aburrirse en transcurso de los 89 minutos que dura. Lee el resto de esta entrada
EL PADRINO, de Francis Ford Coppola (1972)
La cantidad de teorías que los estudiosos de la narración han intentado desarrollar para entender qué hace que una historia funcione son muchas. ¿Por qué unos relatos nos cautivan y otros no? ¿Existe una fórmula que haga funcionar todos los engranajes de una película o un libro con inmaculada precisión? Obviamente, no. Si así fuera, sería imposible hablar de arte. Es cierto que existen algunas estructuras que se sabe que funcionan, determinados esqueletos narrativos -que no son más que indicaciones- que los guionistas (y los novelistas) utilizan cuando se ponen a escribir. Pero como no son más que sencillos esquemas de carácter muy generalista, no aseguran, ni mucho menos, el éxito. ¿Por qué, por ejemplo, El padrino ha dejado a tantísima gente extasiada? ¿Qué la convierte en el film más votado en Filmaffnity y en el segundo en IMdB? Sinceramente, no lo sé. Lo que sí sé es por qué Lee el resto de esta entrada
TESTIGO DE CARGO, de Billy Wilder (1957)
Pensando en géneros de cine que aún no había tocado en el blog me he tropezado hoy en la tele con una peli mala de esas de Antena 3 donde alguien se enrolla con su vecina y ésta resulta ser una psicótica que se hace fotos del culo y le acaba haciendo la vida imposible y tal y tal…El telefilm en cuestión era terriblemente estúpido pero resulta que el prota era abogado y eso ha hecho que una lucecita se encendiese en mi diminuto cerebrín. Como aquel que, de repente, recuerda algo obvio he gritado (también en mi diminuto cerebrín; no estoy tan loco como para hacerlo en voz alta): ¡Películas de juicios! Qué film de dicho subgénero cinematográfico debía ser el primero en tener un artículo no ha sido una decisión complicada. Era obligatorio empezar por el mejor y uno de los más antiguos, Testigo de cargo, del genio Billy Wilder. Si alguien que disfrute tanto con las historietas de picapleitos como el que escribe estas líneas no ha visto aún esta joya del séptimo arte, más le vale correr a su JDownloader, Megaupload o Filesonic más cercano en pos de una solución. Ya. Lee el resto de esta entrada
LOS TRES MOSQUETEROS, de George Sidney (1948)
Ahora que se aproxima el estreno de la enésima adaptación cinematográfica de la novela de Alejandro Dumas me parece un buen momento para recordar la mejor de todas ellas, la realizada en 1948 por la Metro-Goldwyn-Mayer. Como tantas otras pelis clásicas de aventuras, Los tres mosqueteros trae a mi presente unos recuerdos infantiles cuyo efecto inmediatamente nostálgico viene acentuado por el poco gusto épico que encuentro en el cine de aventuras moderno. En la última década lo único que posee el inconfundible sabor del cine de antes es la trilogía de los anillos. Apurando mucho podríamos incluir a Gladiator, aunque con las reticencias propias del que sabe que la brutalidad del film de Ridley Scott no casa del todo con ese molde. ¿Por qué ya no hay directores que quieran rodar algo parecido al film de George Sidney? Como las ‘meigas’, haberlos capaces, haylos. Spielberg, cuyo retorno al género con la última de Indiana Jones fue todo un fiasco artístico -que no comercial- o los Wachowski tienen talento probado para ello, por ejemplo. Además, ni si quiera hay que ser un gran cineasta. De hecho, un tipo del montón como Sidney -las más destacables de su filmografía son, junto a Los tres mosqueteros, Levando anclas y Scaramouche- lo hizo. Basta con encargarle el libreto a alguien competente, saber dónde poner la cámara, contratar a unos buenos actores y no dejar el montaje en manos de alguien de la MTV. Lee el resto de esta entrada
EL GOLPE, de George Roy Hill (1973)
Pocas películas con la voluntad explícita de entretener obtienen el aplauso unánime de la crítica. Sea por el excesivo apego de la mayor parte de opinadores oficiales a la profundidad de guión o por lo denostada que está entre su clase la capacidad antes mencionada no es muy común que vitoreen sin divisiones a un film como El golpe. Créanme, de todo lo bueno que se puede decir sobre esta cinta, lo mejor es eso (y es un gran halago si proviene de un aficionado simple al séptimo arte). No voy a engañar a nadie que espere de esta historia una disección psicológica de los personajes porque aparezcan en los créditos unos actores de renombre. Estamos ante un cuento de tramposos de tierno corazón y endiablada inteligencia que pretenden dar el golpe de sus vidas engañando al mayor timador de todos que es, además, el más malo. Es decir, a uno que se lo merece. Lee el resto de esta entrada
Mi primer VHS: Sopa de ganso.
Nunca olvidaré el día en que mi padre volvió un día del trabajo y nos dijo que había comprado “una película”. Yo tendría unos siete años y era consciente de que a nuestra casa había llegado hacía poco un nuevo aparatejo llamado video, aunque a mí me había pasado desapercibido. Obviamente sabía lo que eran las películas -veíamos una después de comer casi todos los sábados y domingos- pero no recuerdo tener tan claro que pudiesen poseerse y verlas siempre que uno quisiera. De la caja gris en que estaba resguardada mi padre sacó una extraña tableta negra con dos ojos -parecida a una cinta de cassette pero más grande, pensé- que llamaba “cinta”. Mis hermanas y yo nos sentamos en el sofá y mi padre se puso a apretar botones con cara de no tener mucha idea de lo que hacía. Después de leer las instrucciones -costumbre de la que yo he renegado concienzudamente- por fin apareció el título de la película con unos números raros debajo y luego un tío Lee el resto de esta entrada
AL ESTE DEL EDÉN, de Elia Kazan (1955)
Como ya dije en el post inaugural de este blog, simple no significa idiota. Que el cinéfilo de esta clase no se avergüence de su pasión por las pelis de Van Damme o por las comedias pasteleras no quiere decir que tenga por cerebro un pepino. Es perfectamente capaz de disfrutar también con el cine de corte más serio (siempre que no se trate de ladrillos que duermen hasta a las butacas de la sala). Dentro de ese segmento cinematográfico estaría incluída Al este del Edén, la película que descubrió un nuevo y fugaz talento para Hollywood: James Dean. Basada en la obra homónima del novelista John Steinbeck -de obligada lectura en las clases de Literatura de casi todos los institutos norteamericanos- narra la conflictiva historia de un padre y sus dos hijos, Aron y Cal. Mientras que Aron es agradable, educado y estudioso, Cal es arisco, retraído y solitario. Un oscuro secreto Lee el resto de esta entrada
SONRISAS Y LÁGRIMAS, de Robert Wise (1965)
No soy ningún fan de los musicales. La mayoría suelen resultarme bastante peñazo por una razón muy sencilla: las canciones que los personajes se ponen a entonar sin venir a cuento me parecen frenazos innecesarios que rompen el ritmo de la historia. Hay tres excepciones a esta regla personal (pelis de Disney a un lado, por aquello de la infancia): Siete novias para siete hermanos, El violinista en el tejado y la que hoy nos ocupa, Sonrisas y lágrimas. No sé identificar qué aspecto concreto de esta peli me ha enamorado desde que era un crío. No sé si son los niños huérfanos cantarines ó el capitán que se resiste a los nazis ó la música ó si es Austria ó quizás Mary Poppins metida a monja y que acaba siendo otra vez niñera…Supongo que la suma de todos esos factores es la que le ha dado a esta peli su grandeza. Recuerdo, de hecho, que fue una de las cintas que jamás se borró en mi casa y que, cada cierto tiempo, volvíamos Lee el resto de esta entrada






