DESDE SITGES // ‘Melancolía’, una estupidez magistral

Todavía estoy impresionado por la conclusión de la peli. Si uno necesita una razón para ver Melancolía esa debe ser la escena final. Lars Von Trier nos regala un momento cinematográfica, existencial y sensitivamente abrumador que pasará a la historia del cine y que debe ser visto en pantalla grande. El resto de la peli no está mal, aunque es prácticamente toda una enorme estupidez. Empezando por el tedioso e innecesario prólogo que precede a la aparición del título, con el nombre de Von Trier encima, con letras más grandes (porque si al danés le sobra algo es ego) y acabando por las larguísimas escenas que preceden y siguen a la crisis dramática que abre el último acto. El autor escandinavo vuelve a ir por su cuenta y seguro que va a provocar afectos y rechazos frontales. El lugar donde uno se encuentre en esa confrontación no va a depender más que del estómago y el cansancio con que se siente en la butaca. Lo que aparece en la pantalla es Von Trier haciendo lo que le sale de las pelotas con los personajes y el montaje aunque se pretenda que hay una profunda comprensión de la psique humana en todo lo que rueda.

La primera parte del film está condenada por el ilógico comportamiento de la moza recién casada que la protagoniza. Aunque tiene momentos realmente graciosos y Von Trier consigue hacer soportablemente entretenida la cotidianidad de lo que narra su personaje principal desapega al espectador de la historia. El público no tiene la información necesaria para comprender qué narices le sucede a esa egoísta malcriada que se pasea cual alma en pena el día de su casorio. Luego se dará a entender que el miedo que provoca dicho comportamiento en realidad tiene su causa en que la chiquilla posee una capacidad profética que la avisa del terrible destino que le aguarda a toda la humanidad: la colisión del planeta Melancolía con la Tierra.

La boda de Justine se celebra mientras se acerca a la Tierra un planeta desconocido llamado Melancolía.

Las dos primaveras que le faltan a la tontaca de Justine (que así se llama la tipa) no son nada comparados con las doscientas que le faltan a la imbécil de su madre; y a Von Trier, por alargar en exceso lo insulso en pos de un no sé qué de profundidad. Porque ése es otro problema del film, que le sobra metraje por todas partes. De las dos horas y cuarto que dura Melancolía yo me cargaba tranquilamente unos 35 o 40 minutos, de los que muchos corresponden a secuencias del más aburrido gafapastismo audiovisual. Ya sabéis que a mí lo onírico porque sí me sobra. Pues Von Trier le da cancha al contemplativismo -ya no se tapa al desdecirse de su antiguo rollo Dogma- sin ningún tipo de complejos. El director escandinavo se queda tan ancho con secuencias como la del prólogo o aquella escena en la que Justine se tumba en pelota picada en la hierba a ver cómo se acerca el planeta asesino. Porque yo lo valgo, pensará Von Trier.

Pero como esta crítica, las pelis del cineasta europeo son artísticamente esquizofrénicas. Si ya he apuntado que presenta a personajes estúpidos que actúan de forma irracional o que le sobran minutos a porrillo, también encontramos en Melancolía detalles de obra maestra. Von Trier alcanza la excelencia no sólo con la inolvidable escena final sino que logra de un modo indiscutible introducir al espectador dentro del poderoso ambiente que crea. Uno se siente pegado a la pantalla, agarrado a sus personajes y recluído entre los muros de la mansión en que se desarrolla toda la trama. La puesta en escena de Von Trier es perfecta, capaz de provocar sensaciones primarias en el público combinando contínuamente lo sutil con lo agresivo.

Kirsten Dunst, con la Palma de Oro ganada en Cannes por 'Melancolía'.

El reparto es estupendo. Kirsten Dunst está magnífica. Su interpretación es embriagadora y desafiante; la angustia de su personaje respira en el cogote del espectador. La otra protagonista, Charlotte Gainsburg, aunque no brilla como la anterior, merece también una nota alta. Kiefer Sutherland da la talla con holgada solvencia aunque por encima de él está el trabajo de los veteranísimos Stellan Skarsgard y John Hurt. Charlotte Rampling también está muy bien pero uno está ya cansado de que a esta mujer sólo le dan papeles de señora amargada.

Nadie que ame el cine debe perderse esta película. En ella hay tremendos defectos pero también enormes virtudes que el cinéfilo simple no debe menospreciar. Quizás al acabar no le haya dicho mucho Von Trier con sus batallitas pseudofilosóficas (que quedan a muchísima distancia de las de Terrence Malick en la fantástica obra audiovisual -que no película- El árbol de la vida) pero seguro que quedará sobrecogido por la fuerza del lenguaje que utiliza el estrambótico autor danés (y con el culo apretado contra el asiento en la última escena).

Tráiler de ‘Melancolía’

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Publicado el 11 octubre, 2011 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES, NOTICIAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 9 comentarios.

  1. Tengo entendido q este tio armó una buena cuando la presentó no-se-donde.
    Qué animalada dijo???

  2. Todavía estoy convaleciente de lo que vimos anoche. ¡Que castaña! Ademá había fallos no sé si llamarlos de racord. (Todos sabemos que con el cochecito del campo de golf no podrá llegar al pueblo) Por toda la narración quedaban cabos sueltos que no llevaban a ninguna parte o se solucionaban de una forma chapucera, como que a los 90 minutos de plasta, nos enteremos que Justine tiene superpoderes: Para ajusticiar al guionista. O escenas irrelevantes como cuando la cámara la sigue por el campo de golf y es que vá a mear! Una pena por que el tema de la melancolía tiene mucha chicha a lo largo de la historia del arte y de la filosofía. Pero donde no hay mata no hay tomate. Un buen castigo para gafapastas.

    • Supongo que lo del cochecito de golf, como muchas de las cosas sin sentido que hace Justine son el intento de Von Trier de reflejar el estado de su alma melancólica. A mí me parecen escenas soporíferas, la verdad. Hablando de gafapastas, en la proyección de Sitges tenía a un tipo cerca de mí que se puso a aplaudir con violencia mientras gritaba “¡¡Bravo!!” cuando acabó la peli. Y curiosamente llevaba gafas de pasta…

      • Yo la vi en Madrid y la gente tras el final, se entregó al ritual de ver pasar hasta el último título de crédito. Nostros salimos por patas. Sobre este ritual: una vez vimos una película griega “Canino”, también tenía lo suyo. Lo divertido es que al final de la peli, aparecen los títulos de crédito en cirílico y sin música ni banda sonora. ¡Y se queda toda la peña sentada viendolos pasar hasta el final! Tudos los gafapastas con cara de circunstancias.

  3. Realmente una película que no logro acomodar en una categoría con exactitud.
    Como decía Claire, “hay veces que te odio”, y si, creo que me encantó y a la vez la detesté!
    Realmente la escenografía me pareció totalmente perfecta, nada sobraba ni nada faltaba, el color, la luz, la iluminación, los efectos, me hubiece encantado poder estar ahí para fotografiar cada escena, la amé! El juego de luces respecto a la Luna por un lado, y Melancolía del otro era casi orgásmico.
    Otro dato curioso a tener en cuenta, ya que veo por aqui arriba hablando sobre el cochecito del campo de golf, creo que se me pasó por alto el significado (si es que tiene, supongo, no?) de que cuando Claire se va von Leo en el para el pueblo, ella pasa por el hoyo 19, cuando se enfatiza dos veces en toda la peli que la totalidad de hoyos ene l campo es de 18… Alguien sabria contestarme?
    Saludos, y aplaudo de pie con muchas y pocas ganas a este nuevo film ^^

    • Pues a mí se me pasó por alto lo del hoyo 19. Si se enfatiza tanto que hay 18 (vi la peli hace dos meses y no recuerdo ese detalle, la verdad) quizás Von Trier sitúa esa escena en el ámbito de lo irreal; algo imaginado por Justine…No sé, debería ver la peli otra vez para darle un repaso.

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